Hay 3 especies de langostas migratorias subtropicales africanas especialmente temidas. La que frecuentemente se encuentra como alimento vivo es la Locusta migratoria, conocida vulgarmente como langosta migratoria africana, de la que existen varias subespecies. La tríada la completan la langosta peregrina (Schistocerca gregaria) y la langosta roja de Africa (Nomadacris septemfasciata).
El ciclo de cría que describiremos es el de Locusta migratoria, por ser la especie que encontraremos disponible para empezar nuestra cría.
En la naturaleza,
estos animales tienen dos ciclos diferentes. En su fase solitaria, son de color
pardo verdoso, tienen alas cortas y vuelan poco. Requieren seis mudas para llegar
al estadio adulto y ocupan un vasto territorio. Pero cuando el alimento escasea
se produce el cambio; cada vez se reúnen más individuos en menos
espacio. Esto provoca la aparición de una forma larvaria intermedia más
pigmentada que sus progenitores. Si las condiciones son las adecuadas la siguiente
generación habrá variado sus características: sólo
necesitarán 5 mudas, su color será más marcado y sus alas
más largas para permitirles volar grandes distancias, además se
volverán gregarias.
Las migraciones duran hasta que los depredadores, el hombre y la intemperie
han reducido la densidad del enjambre a 500 individuos por m2. En este momento
y pasando por una fase intermedia los individuos presentan de nuevo las características
de la langosta solitaria.
También existen langostas europeas, pero su suerte no ha sido tan buena como la de sus hermanas Africanas. El uso de insecticidas a diezmado sus poblaciones, hasta el punto de tener que ser protegidas en algunos países.
Para la
cría de langostas se requiere un recipiente de seguridad a prueba de
fugas. Estas cajas de cría pueden encontrarse en comercios muy especializados,
o las podemos fabricar nosotros mismos, o encargarlas.
Las dimensiones del recipiente de cría han de ser de 50 x 50 x 50 cm.
Estará compuesto por un armazón de listones de madera sobre el
cual fijaremos el resto de los componentes. Las paredes de los laterales y el
fondo pueden ser madera, cristal o plástico. Es preferible que sean de
un material que permitan su lavado y desinfección. El techo y el suelo
estarán formados por malla metálica. Bajo la reja del suelo colocaremos
unos raíles por los que podremos deslizar una bandeja o cajón
sobre la que caerán los restos del recipiente de cría, y que tendremos
que sacar todos los días para limpiarla. El frontal estará formado
por una puerta de plástico transparente fijada mediante bisagras al resto
de la estructura, y que cuente con una abertura circular de 9 cm de diámetro
cubierta por un postigo del mismo material para hacer las veces de puerta de
seguridad.
Para proporcionar luz y calor no hay muchas posibilidades. Estos simpáticos
animalillos tienen la fea costumbre de morder los cables y esterillas calefactoras,
y puesto que en el fondo hay un cajón, la esterilla no se puede disponer
por fuera del recipiente de cría. Así pues la única posibilidad
que nos dejan es instalar un par de bombillas de 40 W (se pueden pintar de negro
para usarlas únicamente como elemento calefactor) en una teja en la parte
superior del terrario por fuera de la tela metálica que forma del techo.
La temperatura que requieren las langostas es de 30º C a 33º C. Algunos
autores afirman que hay que dejar que por la noche la temperatura descienda
a 20º C desconectando una bombilla. Dejamos la elección al gusto
del consumidor. Como siempre es recomendable instalar un termostato. Como accesorios
añadiremos ramas o unas rejas metálicas (preferible pues se pueden
lavar y desinfectar) para que los insectos se acerquen más o menos a
las fuentes de calor, según sean sus necesidades. Estas rejas también
son necesarias para que puedan llevar a cabo las mudas correctamente. También
añadiremos un higrómetro y un termómetro, además
de una caja de puesta. La caja para la puesta estará formada por un recipiente
de plástico de 15 cm de profundidad relleno de 6 partes de arena gruesa
y 4 de turba cribada libre de abonos. Previamente habremos mantenido esta mezcla
media hora en el horno a 150 º C para esterilizarla.
La cepa de cría se puede obtener en cualquier tienda de animales decente. Los machos se diferencian de las hembras puesto que tienen 9 estérnitros en vez de 8, son más pequeños (5 cm. frente a 6 de las hembras) y poseen un aparato estridulador.
Para empezar,
podemos introducir 30 adultos y unos 60 imagos. Los adultos viven alrededor
de tres meses tras su última muda. Las dos primeras semanas tras esta
se dedican a alimentarse, después se inician los acoplamientos. La hembra
deposita en el interior de la tierra del ponedero 40 ó 50 huevos rodeados
de mucus que posteriormente se solidifica formando una ooteca. Es muy importante
que no haya superpoblación en el recipiente de los adultos (no más
de 250 individuos), puesto que la hembra hará menos puestas (4-5 en lugar
de las 15 que puede alcanzar).
Para la eclosión es preferible llevar los recipientes de puesta a un
nuevo insectario. Donde se criarán las larvas. Para la eclosión
basta con depositar la ooteca en arena húmeda. Hay que retirar los ponederos
diariamente si se realizan puestas, y sustituir la mezcla de su interior. Se
puede dejar que la incubación se lleve a cabo en el mismo ponedero (menos
engorroso) disponiendo de varios. Cuando hay puesta se lleva al insectario de
eclosión y se pone una nuevo en el de cría, cuando se ha producido
la eclosión se desecha el material de puesta, se desinfecta y ya está
listo para un nuevo uso. A 33 grados constantes la eclosión se produce
a los 12 días, si disminuimos a 20º C por la noche es a los 21 días.
Con 33º C constantes todo el ciclo (5-6 estadios) se desarrolla en 4 o
5 semanas.
En el insectario de eclosión hay que mantener la misma temperatura que
en el de puesta, pero el fotoperiodo ha de ser de 15 horas (una bombilla de
iluminación y la otra pintada de negro). Como siempre es recomendable
mantener dos líneas de cría independientes.
La langosta
es poco exigente, aunque bulímica, en lo que a su alimentación
se refiere. Tienen una marcada preferencia por los alimentos frescos. Para proporcionárselos
hay dos métodos, el primero consiste en sembrar pequeños tiestos
o tarrinas con tierra de jardín gramíneas como trigo, poa, vallico
o grama. Así tendremos un suministro constante de vegetales frescos libres
de pesticidas. El otro método consiste en utilizar un recipiente de gran
superficie, en cuyo interior colocaremos trapos húmedos formando una
capa un poco gruesa (como 1 cm), sobre esta capa echaremos las semilla de gramíneas
que germinarán. Sus raíces se entrelazarán formando una
alfombra de la que iremos cortando trozos a medida que los requiramos para alimentar.
Cuando se vuelve a sembrar es necesario lavar y desinfectar el recipiente.
Esta alimentación se complementa o bien con pienso compuesto para roedores
aplastado (reducido a polvo), o bien con una mezcla de salvado con un 40 % de
harina de trigo y un 10 % de paja de cereal. Este alimento se dispone en un
comedero.
Respecto a la disponibilidad de un bebedero su uso es discutido: la humedad
es terriblemente perjudicial para las langostas, por lo que hay criadores que
prefieren no incluir el bebedero suponiendo que los animales obtienen suficiente
agua del alimento verde. Para otros un bebedero de esponja es necesario. La
elección debe hacerla cada uno. Como ya se ha dicho hay que limpiar la
bandeja de la parte inferior del terrario diariamente, así como renovar
el alimento del comedero y limpiar el bebedero si lo hay. Los tiestos hay que
renovarlos cada 3 días (o antes si se han comido su contenido). Las tarrinas
de cultivo han de regarse cada tres días y han de sembrarse con la suficiente
frecuencia como para que al cambiar siempre dispongamos de un cultivo de 10
días de antigüedad (se renueva el cultivo de la tarrina cada 10
días, se haya usado o no).
Tomado sin animos de ofender de Animalls.net